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domingo, 27 de marzo de 2016

Oh, Emir de los creyentes, los tiempos han cambiado.


Cuéntase- pero Alá es más sabio, más prudente, más poderoso y más benéfico- que en lo que transcurrió en la antigúedad del tiempo y en lo pasado de la edad, hubo un rey...
(de "El libro de Las mil noches y una noche")


Siempre me gustó leer. De chiquito (hace ya medio siglo), descubrí Las Mil y una noches (o Las Mil noches y una noche, según la traducción). Eran tres volúmenes muy gordos, impresos en letra apretada y con bellas ilustraciones orientalistas.

La historia central era el tronco de un árbol que se ramificaba en muchos cuentos, algunos de los cuales a su vez contenían otros cuentos narrados por alguno de sus personajes. Al final de cada "rama" los cuentos internos concluían y se cerraba también esa línea principal. Inmediatamente comenzaba otro relato independiente. Había magia, romance, aventuras, violencia, seres fantásticos, y sexo desenfadado a raudales. ¿ Qué más se podía pedir? Todavía no existía Juego de Tronos.



Algunos personajes de los cuentos menos sangrientos y sin sexo fueron adoptados por la literatura y  el cine infantil: Alí babá y los cuarenta ladrones, Simbad el marino, etc.
Aunque usted no lo crea, Aladdin era Aladino y la lámpara maravillosa, antes de que lo agarrara Disney.
En la misma línea de su versión de los Cuentos de Canterbury, Pier Paolo Pasolini filmó, en los años setenta, una Las Mil y una noches bastante gay y proletaria aunque válida, pero muy diferente de mis recuerdos juveniles.
Sé que también existe actualmente una telenovela turca (que no es árabe) con el nombre "Las mil y una noches", de gran éxito en Latinoamérica, pero que nunca vi.
En los libros no había mil cuentos, pero sí mil noches, en las que la bella Scheherezada, Scheherazade, Sherezade, Sherazade o Shahrazadas (en persa: شهرزاد , Shahrzād) distraía con sus encantos narrativos y de los otros, al sultán Schariar, muy ofendido por haber encontrado a su esposa en la cama con un esclavo negro (eran muy racistas). Después de achurar (liquidar) a la sultana y a todas las cortesanas, había decidido llevarse a su lecho real una virgen cada noche (¡era bueno ser rey!) para luego hacerla matar (ya menos cool). Linda historia para Disney.
Muy preocupada por la demografía del reino, la hermosa narradora de cuentos se ofrece como siguiente partner y consigue detener la tragedia noche a noche gracias a sus habilidades multitarea.
En ese momento de su narración, Scheherazada vio aparecer la mañana, y se calló discretamente.
American dad en Arabia Saudita. Obra maestra.
No recuerdo que los personajes fueran abstemios ni reprimidos en general, pero sí que cada dos por tres alababan a Alá y a Mahoma o se mandaban una estrofa de algún poema que describía la sensual belleza de alguna doncella, mandadero o princesa.


El triunfo de Baco, de Velázquez
Omar Jayam o Khayyam fue un matemático, astrónomo y poeta persa que vivió hace unos mil años.
Es más recordado por sus versos que incitaban a un saludable consumo de vino (metafórico o no).
Horacio Guaraní lo parafraseó (según la Wikipedia): "Bebe vino, largos años pasarás bajo la tierra, sin mujer y sin amigos".
Gran sensualidad



Ahora bien: Este gran despliegue de alegre sensualidad tenía como escenarios Bagdad (Iraq), Damasco (Siria), la antigua Persia, que es el actual Irán, etc.
Por si todavía no se dieron cuenta, eran todos mahometanos, como se llamaba cuando yo era pibe (niño) a los musulmanes.

Todos somos Bruselas


Ansina es, don Schariar, oh, Emir de los creyentes,

Parece que los tiempos cambian,
En fin.
Pero Alá es más sabio.
Hoy todos somos Bruselas.




links muy interesantes:

Policía moral
La nueva normalidad
Sumisión, de Michel Houellebecq
tuit de Pérez Reverte

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