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jueves, 23 de octubre de 2014

Veteranos, Schwarzenneger y Los Beatles

I could drink a case of you darling. Still I'd be on my feet. I'd still be on my feet (Joni Mitchell, 1971)

Durante mi tierna adolescencia, cualquier persona de más de 20 años parecía, en el mejor de los casos, una reliquia, un ente momificable.
Yo me  preguntaba qué pasaría con los Beatles cuando cumplieran los 30. ¿Se desintegrarían, (ellos, no el grupo), se convertirían en polvo cósmico, en cenizas como los vampiros a la luz del sol, se romperían las uniones entre los átomos de sus moléculas como impactados por un laser de alta potencia? O peor aún: ¿Se convertirían en seres humanos comunes, como el almacenero, el pizzero y el vendedor de diarios?
Cuatro décadas después, la realidad, que casi siempre supera a la  más loca fantasía, ha mostrado que... ni lo uno ni lo otro.
Paul (70?) siguió seduciendo multitudes con su  hermosísima música, su carita y su simpatía, John fue fiel a sí mismo hasta el instante (a los 40 ) en que chocó con la bala de un loco, y lo mismo puede decirse de George  hasta sus últimos días (58) . Y Ringo (72), bueno,  sigue disfrutando de la vida, como siempre (Sweet sixteen).
Como decía el replicante de Blade Runner sabiéndose cerca del final: He visto cosas que  ustedes, humanos,  nunca creerían. (Esta escena sólo es comprensible si uno tiene más de 40):


Vi a Ian Anderson  (con 65) líder, cantante y flautista de Jehro Tull cantar, tocar la flauta y saltar en el escenario haciendo las mismas piruetas de arlequín que lo caracterizaban hace 40 años.
Vi a Mick Jaegger (69) y a Keith Richards (69) haciendo lo mismo que hace 40 años, pero más
perfeccionado.
Vi a Roger Waters(69) y al Pink Floyd de David Gilmour (67) renaciendo de las cenizas con llamaradas cada vez más intensas.
Y a miles de jóvenes, de la edad de sus nietos, aplaudiendo.


También vi, una noche, por ejemplo, una película de Arnold Schwarzenegger a los 65: The last stand.
Schwarzy es un personaje en sí mismo, independientemente de los escándalos de su vida personal, que  desconozco olímpicamente, y de su pasado mandato como gobernador de California, cuyo desempeño también ignoro.
Me refiero al inefable personaje de película que es a la vez él mismo. 

 A los amigos cinéfilos esta afición mía les puede resultar insólita,  ya que me saben disfrutando  (y sufriendo) con las películas de Haneke, Farhadi, Bergman, Fellini, Visconti, Cronenberg, Win Wenders, Coppola, Kurosawa, Scorsese, Hitchcock y tantos otros maestros actuales y pretéritos. Sin embargo, creo, sin ningún rubor, que la saga de Terminator, es una muestra de buen cine tan válida como la de los colores Blanco, Rojo y Azul de  Krzysztof Kieślowski, por poner un ejemplo.
Creo que el cine es, sobre todo, entretenimiento audiovisual, y,  si incluye buenas ideas, mucho mejor. ¿Que son muy violentas? Sí, aunque a veces la violencia psicológica, los golpes bajos y  cuchilladas emocionales, que recibe el espectador sensible, frente las obras maestras de los cineastas "serios"pueden ser aún más demoledores, aunque no salpiquen ketchup y gore.


 Volviendo a Arnie, el personaje reaparece con 65 pirulos a enfrentarse con malos poderosísimos a los que dobla en edad. Con su cara de golem austríaco y boca torcida a lo Clint Eastwood, consigue trabajosamente levantarse del polvo como un Fénix agónico, un robot oxidado,... en fin, como  cualquier  veterano/a  que labura con jóvenes de 30 años.

Y aquí estamos todavía.


Como dice Eduard Punset (Redes) , hay vida antes de la muerte.

 Still I'd be on my feet...







  
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