Mmm...

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sábado, 12 de octubre de 2013

Uno se acostumbra a todo

Un amor real es como vivir en aeropuerto
Charlie García, 1985.

La primera vez que viajé a USA fue en  1990. Era un viaje de trabajo, como los siguientes.
Era enero, y en Boston hacía frío y nevaba.

Unos técnicos yankis de la empresa muy amistosos, como son los que trabajan de field service en cualquier país, me invitaron a una House of Blues, una especie de franquicia de boliche musical donde se puede beber, comer algo y sobre todo, como su nombre lo indica, escuchar blues, en vivo.

Así que esa noche fuimos en patota, técnicos y técnicas, personal administrativo y directivo norteamericano y algunos otros que habíamos venido desde otras latitudes y longitudes por un curso de formación.
El lugar era fascinante, como diría Spock, el ambiente, la música, un grupo de blues tras otro, todos buenos y aún mejores. La gente escuchaba sentada, bailando, tomando cerveza o charlando.
Sin embargo, en medio de este júbilo sensorial, había algo raro, una sensación  irreal, un elemento discordante, que no pude definir... hasta que me di cuenta de que a pesar de la semipenumbra, la visibilidad era excelente, faltaba esa densa neblina de humo que uno asociaría con este tipo de antro...  ya que nadie, NADIE, fumaba.
Reitero que era enero de 1990, y las campañas anti tabaco no figuraban aún ni en las más locas fantasías de Italia , donde yo vivía entonces, ni en otros países conocidos por sus humeantes adicciones.
En España se decía: fuma como un español. (no como un murciélago, lo cual me parece bastante acertado, yo nunca vi uno fumando, ni siquiera a Batman). En Argentina la lucha contra el faso iba y venía, como casi todos los avances, marcha, contramarcha y abandono.
Volviendo a Boston: una mañana (todavía estamos en enero de 1990) me quedé boquiabierto frente a la  imagen surrealista (en ese entonces) de una secretaria elegantemente emponchada, abrigadísima, fumando en la entrada, pero del lado de afuera, bajo la nieve (!!). Claro, no se podía fumar en el interior de la empresa. 
Fumar mata
Pasaron más de 20 años. Ahora vivo y trabajo en Munich y ya no me llama la atención ver cotidianamente a los fumadores/as  desafiando la intemperie helada, frígida, con la templanza  de un cartero siberiano.
Ya no se fuma en los pubs irlandeses, ni en locales de Italia, España, Alemania; creo que hasta Turquía sucumbió a la campaña purificadora.

Esto obviamente es muy bueno para la salud y como ex fumador, lo aplaudo calurosamente.
Pero no puedo evitar pensar (mente retorcida): -Qué casualidad, ¿no? Me refiero a que en muchos países diferentes se llegue a lo mismo.

Fumar puede causar una muerte lenta y dolorosa...
Una visión cínica, pesimista o simplemente práctica, sugiere que las administraciones ahorran más en salud pública de lo que recaudarían con los impuestos al cigarrillo. Esta idea ya es un meme que conquistó el mundo, pero habría que hacer cuentas para comprobarla en cada país mirando bien en detalle  quién administra qué cosas y en qué países existe una salud pública que gaste dinero en sus ciudadanos/as cuando se enferman, como en Europa.

Ya no creo en grandes conspiraciones para dominar el mundo, o la mente de la personas para venderles algo, pero a veces es como si todos viviéramos en un gran aeropuerto... donde tampoco se puede fumar.
Sin embargo el tabaco se sigue vendiendo en los duty free shops,
con advertencias en todos los idiomas sobre su letal contenido.
Lindas minas (!?)(No?)
Lindas minas. No?












Una buena campaña publicitaria puede convencer a millones de personas de
 prácticamente cualquier cosa: empezar o no una guerra, fumar, no fumar, beber, no beber, comer esto o aquello, votar, adorar, odiar, taparse, destaparse (moda), etc. 

En fin, hasta aquí llego hoy, me tengo que calzar los Levi´s y las Adidas ( Nike,  G-Star Raw?) para no desentonar con la onda-moda- universal, ¿vio?
Por qué tengo que verle el calzoncillo a este tipo?!