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sábado, 13 de abril de 2013

El mundo preso o The Wall y el césped de los jardines.

Se dice que el césped siempre parece más verde en el jardín del vecino.

Hace años, un amigo de Buenos Aires se burlaba de los medios y los políticos que hablaban del mundo libre . ¿Y los otros donde viven? -preguntaba con sorna- ¿en el  mundo preso?
Corrían los años ochenta, época de Reagan y el proyecto Star Wars (Guerra de las galaxias), en plena guerra fría.
Iniciativa de defensa estratégica

Más de veinte años después, en 2000 y pico, cuando yo aún ni soñaba que alguna vez viviría en Alemania, me mandaron a Berlín. No era una prenda de un juego que perdí sino un viaje de trabajo.
Berlín ya estaba de moda. Muchos españoles y otros europeos la visitaban recopados, maravillados no sé muy bien por qué, ya que no es una ciudad particularmente bella ni pintoresca, como otras de Alemania. Puede que fuera esa colorida onda artístico-bohemia que se desarrolla en algunos barrios bajos y baratos, factor que rápidamente los encarece y hace pasar la onda a otro barrio. De seguir así, Berlín pronto será tanto o más cara que Munich.
Sin embargo, es una ciudad con muchas cosas interesantes. Lo que a mí me fascina es su historia reciente, que es tan particular.
 
Después de congelarme un buen rato (el  invierno berlinés es duro) escuchando a un melodioso violonchelista callejero frente a la famosa puerta de Brandenburgo (cuya cara de adelante da al lado este), llegué al Check Point Charlie, una caseta de vigilancia imitación de la original, donde estuvo el puesto de los vigilantes yankis que controlaban el lado de acá del muro.
En frente, está el museo del muro de Berlín, donde se pueden ver objetos, fotos, y noticias que registran anécdotas de gente que intentó con métodos descabellados, y con distinta suerte, huír de la República Democrática (este), hacia la Alemania Federal (oeste).
Para los que no lo recuerdan: Durante la guerra fría, después de la segunda guerra mundial, la situación era surrealista. Había un muro, una pared con guardias y alambre de púas que separaba el lado Este del lado Oeste. Pero Berlín Oeste estaba dentro de la Alemania del Este, que era dominada por la URSS. Berlín Oeste además estaba dividida en sectores controlados por los norteamericanos y otros aliados, enemigos de los comunistas del lado Este. Se accedía por un caminito, o en avión. Berlín Oeste era como un islote en medio de...el mundo preso.

La vida de los otros
La República Democrática Alemana tenía, entre otros avances sociales, una Gestapo comunista, La Stasi, cuyos cuarteles son ahora una atracción turística, como las zonas de batalla en la jungla de Vietnam, donde los turistas pueden jugar a la guerra.

La realidad supera a la  fantasía: hay historias de gente que pasó la frontera Este-Oeste doblada como un contorsionista en el baúl de un VW escarabajo (¿como un gusano, dirían algunos cubanitos?) o dentro de una valija. Hubo un un tipo que se lanzó con mujer e hijo en una sillita que colgaba de una roldana desde la ventana un edificio del lado este, pasando sobre el muro y cayendo en el suelo del otro lado, donde los esperaba un contacto. Un señor muy ingenioso y atlético creó el primer impulsor personal submarino con un motorcito con hélice y un manubrio para agarrarse, como se veía en las series de acuanautas o las pelis de James Bond. Con el artilugio llegó hasta Finlandia (¡Brrrr!). Después patentó el invento que  fue adoptado por la marina de USA y otros países.
Otros fueron ametrallados en la base del muro, como Richard Burton en El espía que vino del frío.
No siempre se puede ganar, como los balseros que desafían a los tiburones o las pateras que luchan con las corrientes del estrecho de Gibraltar.

En lo que una vez fue Berlín Este y ahora forma parte de Berlín a secas, me llamó la atención un edificio que había sido la sede de la embajada rusa, con un gran relieve de Lenin
sobre una pared exterior. La guía contaba que traían la tierra para el jardín y huerto interior desde Rusia. Como Drácula, pensé, que dormía sobre tierra de su país.

En la URSS, y en  China (que sigue siendo comunista, con economía salvajemente capitalista), simpatizar con el capitalismo era revolucionario y subversivo. En el ¨mundo libre¨, viceversa. Claro que con los  especímenes que solíamos tener en nuestro césped latinoamericano, quien no hubiera mirado con ganas el del vecino?
En 1968, mientras la primavera de Praga era aplastada por los tanques rusos, en el París del mayo francés los jóvenes idealizaban la Revolución Cultural maoísta, hoy denostada hasta por los mismos dirigentes del PC chino.
En la Perestroika, los conservadores, la derecha, eran... los comunistas.

Pasaron muchos años. Sin embargo, las viejas costumbre no se pierden fácilmente.

Algunos de mis compañeritos de trabajo son jóvenes treintañeros cuyos padres emigraron del este tras la caída del muro, en 1989-90, cuando Pink Floyd - en realidad, Roger Waters y Skorpions- tocaban The Wall sobre piedras y ladrillos caídos.
Intenté varias veces explicarle a uno de estos chicos que en Latinoamérica, en Argentina (así como en en España) existía (uso el pip: pretérito imperfecto piadoso) gente inteligente y culta que admiraba (pip) a Fidel e idealizaba (más pip) el régimen cubano y afines, minimizando la falta de libertad, un mal menor, según ellos, que sin embargo no hubieran ido a vivir allá ni atacados por una intoxicación etílica aguda. Pip.  Por alguna razón nunca pude conseguir abrir su teutónica mente ante esta idea estrafalaria, aunque tan cara a algunos escritores, artistas, dramaturgos, cineastas, lingüistas y filósofos de fama mundial (que obviamente jamás abandonarían  sus residencias en París, Londres, New York, Bogotá o Méjico para irse vivir  a Cuba ....o  a Corea del Norte, por poner un ejemplo). Pip.
El alemancito, que no es hincha de USA ni de Merkel y gusta de  hacer afirmaciones antisistema, como la mayoría de los jóvenes actuales, se queda mirándome incrédulo, como los chinitos con los vampiros (ver texto anterior: Alibaba y ...).

No hace falta ser un sufrido personaje de una novela de John Le Carré para sentir que todos fuimos, directa o indirectamente, conscientemente o no, víctimas de la guerra fría. Incluyendo algún gran idealista latinoamericano con buenas intenciones. (, creansenlón) .


Y digo yo, me atrevo a preguntar, desde la lejanía que proporciona este medio electrónico: ¿Alguien se preguntó alguna vez, cómo sería el mundo ahora si la URSS no hubiera perdido la guerra fría? ¿Y si algún idealista luchador por la libertad de los pueblos hubiera conseguido realizar sus ideales?

Estaríamos todos viviendo dentro del Mundo Preso, ¿o no?

Delicias orientales

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